lunes, 6 de junio de 2011

La gota que colma

Mientras caía, nos pareció la más perfecta del Universo. Avanzando graciosamente en el aire, daba la impresión de caer poco a poco, para su mayor gloria y nuestro propio regocijo. Sus redondeadas formas, contorneándose casi imperceptiblemente, lamidas por el gozoso viento que la acompañaba, acariciándola en su descenso, nos hicieron olvidar por un instante las fatigas de la vida. Tamaña belleza, tal deleite, no podía acarrearnos ningún mal.
Era como las demás y, sin embargo, diferente. Se abalanzaba hacia el abismo en apabullante soledad, con valentía y determinación, mirando de frente al destino mientras trazaba su propio camino. Tras ella, solo se divisábamos el oscuro vacío. Iluminados por su compleja simplicidad y su fascinante sencillez, no alcanzábamos a ver nada más allá.
Aún distante y, pese a todo, con un aire frágil, una sensación de creciente inquietud se apoderó del sentir colectivo. ¿Que va a pasar cuando llegue? se oían unas voces. ¿Estamos ya al borde del abismo? clamaban otras. El desasosiego se tornó en miedo cuando su cercanía se hizo más que evidente. De repente, aquella belleza, aquel regalo del cielo, amenazaba con hacer pedazos todo el equilibrio interior.
Llegado el momento, el impacto fue elegante, digno de su categoría. Ella se hundió profundo, más allá del mismo corazón, hasta donde ni siquiera habían llegado noticias suyas ni la esperaban. Tan profundo llegó, que ni se sabía que allí había algo.
Arriba todo resultó muy diferente. La tremenda tensión del impacto desplazó a muchas, hasta el punto de hacernos rebasar el límite y arrojarnos al abismo, al lugar desconocido del que tan poco se sabe.
Ella era la gota que colma.

1 comentario:

Manu dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=OUSFSEIZrx4
No somos nada nen !!